martes, 17 de agosto de 2010

Los hijos de la LOGSE


Los hijos de la LOGSE son los niños del trauma, los herederos por línea directa de Peter Pan que se empeñan en prolongar la infancia hasta los límites de la tercera edad.

Los hijos de la LOGSE no se conforman con mucho ni con poco: lo queiren todo, pero aquí, ahora y sin esfuerzo. Necesitan que alguien los motive para que hagan algo que les satisfaga instantáneamente. Si no, ni eso. ¿ESO? ¿Qué es la ESO a todo esto? Ni EGB ni Bachillerato, ni BUP ni FP, ni chicha ni limoná. Una forma como otra cualquiera de entretener a la gente en su edad adolescente. Ni estudian ni trabajan, ni aprueban ni suspenden, que para eso necesitan mejorar o progresan adecuadamente.

La LOGSE es lo más parecido a ese limbo que ha desaparecido del mapa sobrenatural después de la última reforma cartográfica vaticana. Sus hijos ni sienten ni padecen, ni gozan con el triunfo ni se deprimen ante un fracaso. Todo queda en un término medio y medido, en un transitar sin altibajos, en un tiempo sin tiempo que para Cernuda era el del niño y que para la LOGSE se prolonga hasta la edad adulta.

Entonces llegará la época de la consigna y de la pancarta, del pensamiento único y débil que se hace fuerte por obra y gracia de la consigna que se repite una y mil veces. Todo encaja a la perfección. Los hijos de la LOGSE serán los hombres de un futuro muy parecido a lo que vieron Orwell o Huxley. Un mundo feliz y controlado desde arriba. ¿Arriba? ¿Pero no habíamos quedado en que la LOGSE terminará con el arriba y el abajo? Pues no. Por algo los padres de la LOGSE mandan a sus hijos a los colegios donde no se practica esta nueva religión.

Que una cosa es ser logsiano y otra muy distinta tonto de baba.

Por Francisco Robles
(Publicado en Experiencias Escolares nº 1 Año I)

domingo, 15 de agosto de 2010

COMISIÓN FEDERAL DE ELECTRICIDAD.


Me declaro una ignorante acerca en lo que se refiere a las leyes de la física, la energía, el movimiento, y todo cuanto a la producción de éstas se refiere.
Hoy a las 10:30 de la mañana, repentinamente, la energía eléctrica se fue. Qué es lo que ocurrió.
Pasaron los minutos de espera y nada; entonces ordené papeles y alisté pendientes, así transcurrieron un par de horas, y la luz no regresaba.

Llegó la hora en que se debería preparar el alimento, pero como no había luz, sólo se hizo lo que no requería el uso de la licuadora. Dieron las 4:00p.m. Y la luz. Aún no regresaba. Se concluyó con la preparación de la comida, comimos, se llevaron a cabo las tareas domésticas propias de la tarde, se leyeron los periódicos con la luz natural y, mientras se hacía una lectura de los artículos de opinión, la luz natural fue diluyéndose hasta quedar en la oscuridad...
Marcamos el 071 y una voz femenina respondió al llamado, "Comisión Federal de Electricidad, le habla la sarita. Rodríguez, con quién tengo el gusto. Después de haber dado mis datos, la voz lanzó otra pregunta: En qué podemos servirle.
Comenté amargamente la situación y la voz me contestó que no era el único lugar donde no había luz, que de hecho, había varias colonias aledañas sin ella.
Me sentí desilusionada puesto que tuve que controlar mi descontento porque, a fin de cuentas, estas personas solamente están para responder a las quejas y solicitudes de los hablantes. 
"Le agradezco mucho lo que me dijo y esperaré", contesté.
La energía eléctrica, cual adolescente descarriada, se mantuvo ausente durante casi once horas y lo peor es que no podemos preguntarle a dónde se metió.

A GUSTAVO CERATI EN SU CUMPLEAÑOS.

Miles de fans alrededor del mundo seguimos con preocupación el estado de Gustavo Cerati. Ayer leí que aún no ha mejoría. Lamento demasiado este hecho pues el cantante es un ídolo y además, merece estar bien.
Leí también acerca de las secuelas que produce un accidente cerebro vascular y son severas, tales como el daño motor, el trastorno de lenguaje, la ceguera o una deficiencia en el razonamiento. 
En el mejor de los casos, espero, Gustavo abrirá los ojos y se recuperará de tal forma que no habrá secuela alguna todo será como un sueño largo, de tres, del que será un milagro despertar.

miércoles, 4 de agosto de 2010

RUTILIA


La muchacha, oriunda del estado de Hidalgo, vino a la ciudad de México a trabajar pues en su lugar de origen las carencias son enormes.  Cuando cumplió los quince años, a diferencia de las niñas cuyas familias son de un nivel económico mayor y disfrutan de una fiesta, su padre le dijo:
--Rutilia, ya tienes edad para ir a la ciudad y buscar un trabajo. 
--Pero me da miedo, papá.  No conozco el lugar y no sé qué hacer contestó con voz entrecortada por el miedo.
--Tú eres la mayor, tienes tres hermanos chicos y tu madre está enferma.  Yo gano muy poco y no puedo mantenerlos a todos.
   Genoveva, la madre de Rutilia, acostada en el camastro, asintió.  Tenía un dolor muy fuerte en las piernas, estaban hinchadas y amoratadas, la circulación era cada vez peor y aunque tomaba tés medicinales, no era suficiente para aplacar el malestar y permitirle realizar las actividades propias de la casa, por ello Rutilia había tomado bajo su responsabilidad la crianza de sus hermanos y el cuidado del papá.
Está bien asintió ella.
   Cuando llegó a la ciudad, se sintió extraviada, no atinaba hacia dónde dirigirse para buscar quién la podía emplear.  Llegó a una colonia clase media, en la que las mujeres son empleadas de diferentes tipos de empresas e instituciones y, por tanto, requieren de la presencia y el trabajo doméstico.
   Con inseguridad, llegó a una casa y tocó el timbre:
--¿Quién es?--dijo una voz desde el interior.
--Busco trabajo, necesita alguien que le ayude
--Ahora no, muchacha.
   Así pasó la tarde, tocando puertas.
   Cuando llegó la noche, Rutilia estaba agotada de caminar, sedienta por falta de líquido, hambrienta y desesperanzada.  Se sentó en una banqueta para pensar qué haría cuando llegó a ella una mujer madura que, despeinada y cargando una bolsa de plástico con comida, le preguntó:
--Qué haces, muchacha?
--Busco trabajo, pero no encontré.
--Mira, yo vengo de trabajar en una casa.  Si quieres, te llevo con una vecina de donde trabajo y ahí vemos.
--¿De veras?--contestó sorprendida y agradecida.
--Sí, ven.
   Rutilia se levantó de un salto, su desilusión había desaparecido y fue con la mujer, quien le dijo en el camino que su nombre era Petra y que llevaba varios años de trabajo en la casa en la que hacía su labor doméstica y que nunca había tenido problemas con los patrones.
--Qué suerte--dijo Rutilia con entusiasmo--Ahora podré mandarle a mi papá el próximo domingo.
Historias como esta ocurren en la ciudad de México por la falta de apoyos al campo, por la inexistencia de políticas poblacionales que frenen a la explosión demográfica, por la escasez de oportunidades para los jóvenes y por la falta de escuelas.

LA IMPORTANCIA DEL TRABAJO.


Desde su aparición en la faz de la Tierra, el hombre ha tenido la necesidad de transformar la naturaleza para satisfacer sus necesidades primarias.  Así, construyó herramientas que permitieran la caza y  la recolección, modificó cavernas y las adaptó para hacerlas habitables,.  Aún en las comunidades más remotas, hay hombres que viven en la naturaleza pero han modificado sus condiciones pues sus viviendas son de materiales naturales pero tienen techo, paredes, fosas, etc.
Para realizar esas actividades necesitan una organización, una división del trabajo y de responsabilidades.
Recuerdo la exposición del doctor en sociología José Maximiliano Hernández, cuyo tema versaba en la importancia del trabajo dentro de las cárceles mexicanas.  Él dijo algo que me hizo pensar acerca de la necesidad del ser humano de tener una actividad productiva y estable, que solamente da el trabajo: la necesidad de saber que se causa un efecto en los demás.
Uno desempeña una labor con la finalidad no de obtener una remuneración, sino de beneficiar a otros a través de la actividad propia.
Ayer recibí un correo en el que me preguntan si soy adicta al trabajo, no lo creo.   De lo que sí estoy segura es que me apasiona lo que hago, que me encanta el trabajo con los niños y que, si yo tuviese la sapiencia necesaria, haría que todos los niños aprendieran con facilidad, que les gustara estudiar, que disfrutaran las diversiones que fueran edificantes, que valoraran a sus padres, maestros, a las personas que están su alrededor y a las que no conocen, que cuidaran la naturaleza.  
Sobre todo degustaría que las personas respetaran la diferencia, esto es, que fuesen amables con aquéllos con los que no comparten gustos, intereses, funciones, habilidades, capacidades.
Pero para eso se tendría que rehacer la especie humana, esto es, en la historia se observa una serie de atropellos, traiciones, guerras, actos perversos y por ello, la existencia de los héroes, personas con una capacidad extraordinaria de entrega a su especie.   
Pero ya no hay héroes, ahora solamente tenemos sujetos que conducen a las naciones hacia el abismo del consumismo y la enajenación, que maniatan a los hombres en edad productiva, que limitan sus habilidades por no proporcionar la oportunidad de practicar y aplicar los conocimientos adquiridos.
Una compañera de trabajo me dijo un día que a ella se le había olvidado el sistema braille, eso es natural porque no lo utiliza.  Cuando una tiene la necesidad de aplicar los conocimientos, no se olvida lo aprendido.  Lo mismo ocurre con los hombres y mujeres desempleados. 
Además, el estado emocional de las personas que carecen de una actividad se deteriora, llegando incluso, hasta cometer actos tan terribles como el sujeto que al ser corrido de su trabajo mató a su familia y se suicidó.  Esto lo leí hace unos cuantos días.
A partir de ese hecho, he reflexionado acerca de la ineficiencia del gobierno mexicano, que es incapaz de proporcionar seguridad y estabilidad a los habitantes del país.  ¿Acaso se pretende con esto combatir la sobrepoblación mexicana?  ¿No sería más adecuado poner en marcha campañas de control de la natalidad?  Para qué tantos homicidios, suicidios, viudas, huérfanos y familias desintegradas.

REHABILITACIÓN.




Cecilia recordaba el tiempo en que quedó discapacitada, había sido todo un sueño amargo, pero ella lo calificaba como agridulce, pues tenía la fortuna de poder desplazarse, pensar, comunicarse y reiniciar sin tomar en cuenta lo pasado a excepción de lo que le había sido de provecho; tenía la oportunidad de mejorar en los roles que había desempeñado en forma superflua, sin plena conciencia de lo que hacía.
   Recordó que el ingreso a la escuela de ciegos y débiles visuales fue un triunfo, pues los requerimientos eran muchos y las visitas a la escuela eran constantes pues cada vez había que tramitar algo diferente.  
   Cuando por fin logró ser considerada como alumna, inició una experiencia totalmente diferente en la que ella nunca había pensado.  Nunca se había detenido a pensar en las personas que carecen de algún sentido o función.
   Ubicada en el Centro Histórico del D.F., en un antiguo templo católico, la escuela era amplia, tenía dos escaleras a las que los alumnos identificaban como "las escaleras rugosas" y "las escaleras lisas".
   Para ella, joven y entusiasta, el manejo del bastón le parecía un juego, se sentía feliz y se aventuraba a realizar nuevas actividades, siempre retando su habilidad.
   Recordaba también a sus amigos, Constancio, Hilaria, Primitivo, Georgina, Julia.
   Cecilia recordaba y mientras lo hacía, pensaba que además de haber aprendido lo más importante para su rehabilitación había conocido el humor de los ciegos, que cada vez que era necesario, se burlaban de sí mismos y de su situación.  Eso, creía, había sido punto de partida para su compensación positiva. 

¿CINISMO O SORDERA?


El día de ayer, 2 de agosto, escuché al presidente Felipe Calderón hablar acerca del combate al crimen organizado.  
Cabe señalar que nunca se habían dado la serie de ejecuciones, de secuestros, de robos, de asaltos, de violaciones como ahora.  Era como si se tuviera la cloaca a medio cerrar y solamente eran casos más o menos aislados los que se presentaban.  Desde ue se declaró loficialmente el combate, el país vive en un estado de inseguridad tremendo.
Pues mal, ayer Felipe Calderón instó a la población no solamente a participar, sino a exigirle  un trabajo.
¿Acaso no sabía cuál era su función?   
El Estado fue creado por la necesidad de una vigilancia, para establecer la seguridad y el respeto a las propiedades, a los bienes y tranquilidad de la población y para ello, se designó a un encargado que trabajaría para velar por el bien común.
   ¿Qué pasó, señor presidente?